56 años de ordenacion sacerdotal

Resumen de la infancia y vocación del Padre José Iriarte

  • Primeras impresiones religiosas: Desde pequeño le llamaba la atención la revista Hosanna de los capuchinos, que hablaba de los evangelios y las misiones. Ese contacto temprano despertó en él la inquietud espiritual.
  • Vida familiar y religiosa: Su preparación para la primera comunión fue intensa, con cuatro años de formación, acompañado por sus hermanos y hermanas en las procesiones y la misa dominical. A los 8 años recibió la primera comunión, un acontecimiento celebrado con gran entusiasmo por su familia.
  • Influencia de la abuela: Las visitas en tren a la casa de su abuela fueron aventuras inolvidables. Ella, costurera y mujer de fe, predijo que sería sacerdote y obispo. Él aceptaba la idea de ser sacerdote, pero rechazaba la figura del obispo porque no le atraía la solemnidad de sus vestiduras.
  • Vocación anunciada en familia: Su padre, durante una comida especial por la primera comunión, comentó: “Si esto es para tu primera comunión, qué será para tu primera misa”, anticipando la vocación sacerdotal.
  • Acercamiento a los salesianos: Fue su madre quien lo acercó a los salesianos, valorando su labor educativa. Acompañaba a su hermano al oratorio, donde disfrutaba del cine y del ambiente juvenil. Aunque al inicio veía el colegio como un correccional, poco a poco fue descubriendo su vocación.
  • Experiencias con los capuchinos: Un fraile le pidió cantar en el coro, pero su voz no salió como esperaba. A los 11 años asistió a un cursillo y fue inscrito en el colegio, donde comenzó a aclarar su vocación.
  • Vida escolar: El colegio fue para él un espacio de diversión y también de exigencia. Allí se fue consolidando su camino hacia la vida religiosa, con la influencia del carisma salesiano.
  • El año 1954 y la confirmación vocacional: Ese año se vivía una fuerte devoción a la Virgen María y fue canonizado Domingo Savio, modelo juvenil salesiano. Influenciado por su madre, dedicaba tiempo al estudio y la lectura. En su vida escolar, como solía ser castigado, decidió hacer una propuesta: si lograba pasar un mes sin castigos, lo tomaría como señal de que su camino era la vocación sacerdotal. El 3 de mayo, día de María Auxiliadora, hizo esta petición. Ese mes no recibió ningún castigo, lo que interpretó como confirmación de su llamado.